Opinión

De Punta Catalina a Manzanillo

POR FEDERICO JOVINE RIJO.- Parece que la recién inaugurada central Manzanillo Gas and Power (“Manzanillo”) tendrá que recorrer el mismo viacrucis de críticas, cuestionamientos, tergiversaciones, instrumentalización política, calumnias y falacias, que en su momento le correspondió a Punta Catalina hacerlo.

Durante el proceso constructivo de Punta Catalina se dijo de todo. Desde cuestionamientos al modelo energético (carbón), la licitación, adjudicación, financiamiento, construcción, operación y gestión de operaciones, riesgos y residuos (¡radioactividad nuclear incluida!). Luce ahora que en torno a Manzanillo confluyen críticas de diversos sectores con intereses diferentes… Por eso es preciso separar la paja del trigo.

Es perfectamente lícito criticar en democracia, más si lo que se critica es de naturaleza, propiedad o función pública (la energía lo es), y es saludable que así sea. De igual forma, es legítimo (¡y necesario!) que la oposición política cuestione (vaya que el PRM si supo ejercer muy bien ese rol en el pasado) y exija explicaciones, y el gobierno tiene que darlas.

De igual forma, es necesario que los sectores ambientales y medios de comunicación exijan transparencia y rendición de cuentas, el contrapeso de la gobernabilidad lo requiere. Ahora bien, son inaceptables los cuestionamientos dados desde la descalificación acientífica; la fábula, la manipulación, tergiversación o interpretación acomodaticia y parcializada de hechos o realidades… mucho menos la difamación o la calumnia. Dentro del rigor, todo; fuera del rigor, nada.

Manzanillo es una obra de propiedad privada, construida con financiamiento sindicado provisto por varias instituciones crediticias del sector bancario (privado y estatal). La arquitectura financiera del proyecto es pública y los bancos prestaron sujeto a planes de negocios, garantías, evaluaciones, normativas y prácticas internacionales (Basilea II y III, GAFI, NIIF Supervisión en Base consolidada, etc.), pero también a los estándares IFC del Banco Mundial, RAMSAR, ISOs, etc.

Irónicamente, a Punta Catalina la descalificaban por ser de carbón contaminante; por ser una inversión pública, porque la inversión privada no tenía fe ni seguridad para invertir sus capitales.

Ahora, a Manzanillo, un proyecto a gas natural –el combustible de la transición energética– concebido bajo un régimen concesional donde todo el riesgo lo asume el concesionario; que financió bajo el esquema de aporte financiero reembolsable las adecuaciones del puerto; la construcción de las facilidades a sus expensas; que se comprometió a cumplir las exigencias del Acuerdo de París y las exigencias de los estándares mundiales frente al Cambio Climático, etc.; la critican, sencillamente porque funciona y genera energía limpia, porque estabiliza la oferta, porque responde a la demanda en horas pico y garantiza un suministro sostenible y abarata los precios de la energía.

En definitiva, como quiera dicen… pero lo que corresponde es apoyar los proyectos que apuestan a construir la ruta hacia el suministro eléctrico continuo, seguro, eficiente y de calidad. Para ello, es imperativo respaldar los proyectos de generación de energía limpia que promuevan la transparencia e incentiven la competitividad y la inversión.

Redacción

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